A veces el
domingo llega como una pausa necesaria.
El mundo
baja un poco el ruido y, en ese silencio suave, volvemos a escucharnos.
Quizás sea el momento de abrir un libro, de dejar que otras voces
—las de tantas mujeres que escribieron antes que nosotras—
nos hablen al oído.
Porque leer también es un acto de encuentro.
Con historias, con palabras, pero sobre todo
con una misma.
Cada página
puede ser un espejo, una pregunta, una puerta.
Hay libros
que nos abrazan cuando estamos cansadas.
Hay otros que nos sacuden, que nos recuerdan
quiénes somos o quiénes podríamos ser.
Por eso creemos en la lectura compartida, en la conversación,
en el poder de reunirnos
alrededor de las palabras.
Porque cuando una mujer lee, piensa, siente y se reconoce en la voz de otra,
algo profundo se enciende.
Tal vez hoy
sea un buen día para eso:
para
detenernos un momento, respirar hondo y abrir una historia.
Porque a
veces un libro no cambia el mundo…
pero sí
cambia la forma en que una mujer se mira a sí misma...


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